El punto de no retorno. ¿Qué hacer cuando todo lo demás falla?

Los cambios. Pocas cosas nos provocan más inquietud que los cambios. Nuestra rutina, nuestras costumbres, aquello que hacemos de manera casi inconsciente día tras día. En el trabajo, las responsabilidades que ostentamos y las tareas que realizamos son objeto de modificación de forma cada vez más habitual. La mejora continua implica la revisión constante de todos los procesos internos de las compañías, para detectar carencias y proponer acciones que modifiquen dichos procesos y los hagan más eficientes. Y al final, estos cambios y modificaciones siempre afectan a nuestros colaboradores.

«El hombre es un animal de costumbres» – Charles Dickens

En materia de gestión del cambio, aquellos de nosotros que nos dedicamos a los Recursos Humanos desempeñamos un papel clave de acompañamiento y comunicación muy necesario para que la transición que los colaboradores experimentan en todo el proceso sea un éxito. Muchas veces, informar a la plantilla de puntos de mejora detectados o de decisiones tomadas para dar solución a los mismos provoca rechazo generalizado desde el minuto uno. Es cierto que la única forma de combatir la incertidumbre y las dudas generadas es facilitar la máxima información posible a los colaboradores y responder de forma clara a sus consultas.

Transmitir claramente los motivos de los cambios, así como los objetivos que se persiguen con los mismos ayuda a disipar mucha de la resistencia. Pero a veces topamos con “la irreductible aldea gala”. En las plantillas numerosas, cuando abordamos cambios estructurales o de proceso a gran escala (incorporación de sistemas o ERPs de gestión, certificación en estándares de calidad, creación de nuevas secciones o departamentos, etc.), clasificaría a los colaboradores en tres grupos en base a mi experiencia:

  • Activistas: aquellos que ven las ventajas que suponen las propuestas, las hacen suyas y arrastran a otros colaboradores en el proceso de cambio
  • Observadores: los que se ponen de perfil, no muestran un entusiasmo por las reformas pero tampoco obstaculizan ni ralentizan el proceso (suelen dejarse llevar)
  • Opositores: rechazan de plano cualquier acción que suponga salir de su rutina. Las críticas raramente son constructivas y cualquier consideración que se les haga es poco menos que un ataque frontal hacia ellos

Evidentemente esta clasificación no recoge todas las situaciones, pero a mi juicio representa algunas de las actitudes más representativas que se nos presentan cuando gestionamos cambios en la empresa a cualquier nivel. Por desgracia, muchas veces la aparición de los comportamientos más reticentes a las modificaciones y mejoras, nos indica fallos en nuestra estrategia de comunicación interna. Muy posiblemente no hayamos dado respuesta a las dudas y preguntas de esos colaboradores. El trabajo con ellos debe redoblarse para que “se suban al barco” y se sumen al esfuerzo común.

¿Pero qué hacer cuando todo falla? ¿Qué ocurre cuando nos encontramos con alguien que no puede, no entiende o necesita ayuda? ¿Qué pasa cuando hay alguien que no quiere? ¿Qué ya no desea formar parte del equipo? Qué está fuera?

Estamos desgraciadamente en un punto de no retorno. Los que nos dedicamos a los Recursos Humanos nos encontramos algunas veces con personas que se sienten cansadas, frustradas, que ya no creen en lo que les decimos, que han tirado la toalla. No hay engagement… ni se le espera. Es la cara menos amable del trabajo, y para mí, la más amarga.

En estos casos, y es una opinión personal, lo mejor es ofrecer una salida. Dar una solución a esa persona que ya no quiere estar. Al final, tenemos que ser humildes y reconocer nuestra incapacidad para sumar los esfuerzos de ese colaborador a los del equipo, si hemos constatado que no hemos sabido motivar a esa persona para que forme parte del proyecto, debemos afrontar la situación y compartir nuestras reflexiones con el colaborador.

Siendo sinceros y honestos, asumiendo como propio el fracaso a la hora de implicar a la persona en el nuevo proyecto, es posible que el mismo colaborador nos agradezca que seamos francos y contemos con él para que participe activamente en encontrar una solución a la situación. Desvincular a alguien de un proyecto siempre es duro, pero en ocasiones es la decisión más acertada para todos, los que se quedan y los que se van.

Mi conclusión es que cuando todo lo demás falla, tomar las decisiones difíciles de la mano de la persona que resultará afectada por la misma suele ser menos traumático. Al menos, conseguiremos que un “opositor” forme parte de la solución a un problema, aunque sea una solución sin vuelta atrás. Pasando el punto de no retorno.

Feliz semana!

El arte de delegar

Uno de los aspectos más complejos dentro de las organizaciones, sobretodo cuando estas aumentan su volumen de trabajo y de plantilla, es el proceso de transferencia y asignación de responsabilidades. Departamentos unipersonales pasan a tener varios trabajadores, algunos colaboradores ascienden, las tareas deben reasignarse y repartirse entre los miembros del equipo de trabajo, se establece una nueva jerarquía y emerge una figura que lidera el grupo.

Muchas veces, ese líder recién proclamado, tiene ante sí varios nuevos retos y desafíos que afrontar: asumir su nuevo papel de jefe – excompañero, tomar decisiones que antes no le correspondían, reportar a la dirección, etc… entre ellos, uno de los más importantes y que en mi opinión se convierte en clave desde el punto de vista del desarrollo de personas es delegar. Aprender a confiar tareas que dominamos a la perfección y que sabemos llevar a cabo sin mayores inconvenientes a otros colaboradores. Dejar que ellos encuentren su manera, que sean independientes, que tomen sus propias decisiones.

Esto suele derivar en pequeños roces y problemas, sobre todo al principio. Frases del estilo “quita que ya lo hago yo”, “tendrías que haberlo hecho así”, “no así no”

Tendemos a comparar continuamente lo que nuestro colaborador ha hecho con lo que nosotros hubiésemos hecho en la misma situación, lo cual no es malo per se. Será malo o poco beneficioso para ambas partes si lo que buscamos con la comparación es buscar diferencias en lugar de destacar las mejoras que nuestro colaborador ha llevado a cabo. Dar un feedback positivo y constructivo será fundamental para mejorar el proceso de traspaso y asunción de tareas.

Además de generar un clima de confianza en el grupo, el líder debe seguir unas pautas para contribuir activamente al crecimiento y desarrollo de sus colaboradores. Dejar a un lado la supervisión y la vigilancia para apostar por el reporte periódico y los informes puntuales. No dar la solución al colaborador, sino animarle a que sea él mismo el que investigue y dé con una recomendación sobre cómo resolver el problema que se le plantea. El camino es largo, puede y habrá equivocaciones, pero serán positivas para el grupo si de todas ellas se toma nota y se consigue sacar conclusiones acertadas.

Si los líderes apoyan a los colaboradores en sus inicios, confían en ellos para aportar soluciones, les respaldan en público y les corrigen en privado, etc. se estará trabajando mucho y bien para constituir un equipo cohesionado, coordinado y que será capaz de sacar adelante los proyectos que se le encomienden. En mi corta experiencia, he podido ver que una de las mejores pruebas de que un líder ha sabido delegar y ejerce su papel adecuadamente, es que puede dejar de tomar parte activa en un proyecto, ausentarse de su puesto (enfermedad, vacaciones,etc.) y se sigue cumpliendo el calendario de trabajo establecido.

Para mi, delegar supone transmitir conocimiento, generar confianza y dar a los colaboradores el protagonismo que merecen. Hay que desarrollar esa capacidad de influir positivamente y potenciar a los demás, se convierte en todo un arte. Y si trabajamos por y para las personas, es un arte que debemos dominar.

Feliz semana!

Retribución. ¿Café para todos?

La pasada semana leí un enlace compartido por uno de mis contactos de LinkedIn, relativo al foro de debate “Las nuevas tendencias en el mercado laboral” organizadas por el diario digital El Español y Deloitte. En él, varios responsables de empresas de primer nivel debaten acerca de la retención del talento y de los retos que suponen la irrupción de los millennials y la nuevas tecnologías en el mercado laboral.

“El salario es importante, pero cada vez hay más factores que tienen importancia, como conciliación o flexibilidad de horarios”

Buscando por la red, encontré otro artículo, esta vez sobre la opción ofrecida a los empleados de una compañía que consiste básicamente en la posibilidad de “comprar” hasta 5 días de vacaciones adicionales al año. Concretamente, y según la noticia en cuestión Vodafone ha incluido en el nuevo convenio la posibilidad de que sus más de 3.000 trabajadores puedan comprar hasta cinco días de vacaciones. Este permiso se puede solicitar una vez se hayan agotado los días de descanso regulares”

En la misma reseña, se incluye un pequeño apunte muy interesante, enumerando las múltiples y cada vez más novedosas fórmulas que existen para satisfacer y motivar a las plantillas. La frase “El sueldo, el horario y los días libres no son la única forma de motivación al trabajador.” resume a la perfección la mentalidad con la que, en mi opinión, los responsables de Recursos Humanos debemos abordar el diseño de los planes de retribución e incentivos en la empresa.

El abanico de posibilidades que podemos ofrecer a los colaboradores para dar respuesta a sus necesidades al tiempo que conseguimos un mayor engagement y fortalecer el sentimiento de pertenencia es cada día más amplio.

Tenemos por una parte los incentivos, comisiones, pluses y pagas asociadas a la consecución de resultados, bien individuales, de departamento o incluso a nivel de compañía. Es el modelo más “tradicional” de estímulo al empleado y aunque funciona (a todos nos gusta recibir una recompensa por nuestro esfuerzo), el efecto provocado por este tipo de fórmulas tiene un recorrido relativamente corto en el tiempo y en ocasiones puede provocar efectos adversos en el clima laboral (competitividad extrema, falta de compañerismo, etc.)

Otra opción es ofrecer a la plantilla paquetes de retribución flexible, que permiten aumentar el poder adquisitivo de nuestros colaboradores sin aumentar los costes salariales de la compañía. Los amigos de Flexoh nos lo explican perfectamente en este vídeo.

captura
La retribución flexible permite recibir parte del sueldo en productos y servicios sujetos a un mejor tratamiento fiscal – Fuente: Flexoh (www.flexoh.com)

La opción más reciente y que a mi me parece tremendamente interesante es la conocida como retribución o salario emocional. Son todas aquellas medidas de carácter no dinerario ni salarial (quedan fuera de la nómina) y que van a satisfacer aquellas necesidades del colaborador que poco o nada tienen que ver con lo que cobra a final de mes.  Se trata de iniciativas originales, como pueden ser cualquiera de las siguientes (por citar algunas):

  • Horario flexible
  • Teletrabajo
  • Apoyo a la paternidad y a la maternidad
  • Programas de promoción interna
  • Voluntariado corporativo
  • Outdoor training
  • Día libre por cumpleaños

Como vemos, son básicamente medidas destinadas a compatibilizar la vida personal y laboral, muy en la línea de las frases que podíamos leer en los artículos citados al inicio del post.

Podemos decir por tanto, que asistimos a la “muerte” del café para todos, estamos obligados desde los departamentos de Recursos Humanos a estrujarnos el cerebro y dar con soluciones innovadoras que den respuesta a las necesidades cambiantes y reales de nuestros colaboradores. De nosotros depende realizar las propuestas adecuadas para establecer mecanismos de fidelización que motiven a la plantilla y nos ayuden a retener y atraer talento a nuestra empresa.

Feliz semana!

Networking. ¿Moda o necesidad?

Ayer se podía leer en la edición digital del diario el País una entrevista a Amy Bernstein, Editora de la Harvard Business Review, con motivo de la presentación en Madrid de la versión online y en español de la conocida revista.

Una lectura muy recomendable, con un análisis de la actualidad del mercado de trabajo y del mundo de la empresa en general. Se tocan temas muy diversos, muchos de los cuales ya aparecieron previamente en este humilde blog. Por hacer un resumen de lo que me ha parecido más interesante, ahí van unas frases extraídas de la entrevista:

UNIVERSIDAD Y EMPRESA

“nos tenemos que plantear es cuál es el rol de la universidad y qué papel juega (…) Es cierto que una de sus funciones es preparar a los jóvenes para enfrentarse al mundo laboral, enseñarles a defenderse en situaciones hostiles y saber moverse»

KNOWMADS

«curiosidad por continuar aprendiendo, tener esa inquietud durante toda la vida. (…) El paso por la universidad no define tu trayectoria profesional, es solo el punto de partida.(…) lo que quieres hacer con tu vida es un proyecto a largo plazo”

MILLENNIALS

“se habla mucho de que no son leales a las empresas, pero son las compañías las que desde hace tiempo ya no son fieles a sus empleados (…) ahora se funciona por proyectos (…) Habría que analizar cuánto de esto corresponde a la supuesta forma de ser de los millennials y cuánto a la realidad del mercado de 2016.”

ACTITUD

“Si es complicado trabajar contigo y si no haces nada por aprender, perderás tu trabajo. Así de simple.”

Además de estas interesantes reflexiones, de la lectura de la entrevista se desprende una idea que viene a reforzar una creencia que yo ya tengo desde hace aproximadamente un año. Debemos relacionarnos constantemente con otros profesionales, crear una red de contactos de calidad, «hacer networking» como se suele decir habitualmente.

“el networking es una herramienta muy potente. Hacer contactos es una tarea cero placentera y hay que aprender a hacerlo sin volverse loco. (…) hoy es una necesidad (…) Tu mensaje tiene que calar.”

He tenido la suerte durante los últimos doce meses de compartir muchas tardes de viernes y mañanas de sábado con otros alumnos del Máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la Universidad de Alicante (donde he conocido a grandes profesionales y a estupendos compañeros de clase que se han convertido en amigos), y de esa relación han ido surgiendo contactos profesionales estables que se han perpetuado en el tiempo, más allá de la duración de las clases.

No sólo contactos enfocados a la búsqueda de empleo, sino a la resolución de dudas, a la colaboración en proyectos, a buscar consejo sobre asuntos de trabajo o incluso sugerir temas para un blog (como a mi me ha ocurrido), entre otros…

En definitiva, y como bien nos dice Amy Bernstein al final de la entrevista:

«Estamos ante una cultura laboral diferente.»

Por tanto, en mi opinión y basándome en mi experiencia reciente, coincido al 100% en que el networking se convierte en una necesidad que nos exige el mundo laboral en el que vivimos, más que ser una moda pasajera.

Feliz semana!

Comunicación interna. Si me hubieran preguntado a mí antes…

De todos los aspectos relacionados con el funcionamiento interno de la empresa, uno de los más decisivos, delicados y estratégicos es el proceso de toma de decisiones. Precipitadas o meditadas, más o menos trascendentes, rápidas o lentas, acertadas o equivocadas, las decisiones aparecen constantemente en el día a día de cualquier compañía y condicionan el devenir de la misma.

Hay que tener en cuenta multitud de variables, analizar el máximo de información posible, estudiar casos similares que hayan ocurrido con anterioridad, pero al final… hay que tomar una decisión. Siempre existe la posibilidad de equivocarse, se pueden pasar pequeños detalles por alto, o simplemente el escenario únicamente permite minimizar el daño en lugar de evitarlo: escoger entre lo malo y lo peor.

Independientemente de que la decisión tomada pueda ser catalogada como “buena” o “mala”, aquello que jamás puede fallar es la comunicación a los afectados. Habitualmente las decisiones afectan a una o varias personas de la organización, y en el caso de los que nos dedicamos a los Recursos Humanos, podemos cambiar el habitualmente por el siempre.

Una revisión de las tareas o responsabilidades de un puesto de trabajo, cambios de ubicación,  modificaciones en la estructura de un departamento, nuevos procesos internos; son situaciones que suponen una alteración de la rutina de nuestros colaboradores y es imprescindible comunicarles los resultados de dichas decisiones… y no solo «a tiro hecho».

Desde mi punto de vista, una gestión eficiente de los cambios internos implica hacer partícipes a los colaboradores afectados de todo el proceso de toma de decisiones (siempre que el asunto lo permita, excluimos de esta reflexión temas que por razones de confidencialidad y respeto exigen la máxima discreción -relativos a la continuidad de un trabajador en la compañía, por ejemplo-).

Si llevamos a cabo reuniones previas con los colaboradores afectados, donde abordar el origen de las situación a resolver o sobre la que se tiene que tomar una decisión, definimos un marco de trabajo en el que podemos establecer que aspectos se han tomado en cuenta y cuáles no. Daremos así la oportunidad a todos de dar su opinión, exponer su punto de vista y evitar dejarnos algo en el tintero.

La decisión que se termine tomando tendrá una mayor aceptación por parte de los afectados, ya que durante el proceso todos han tenido ocasión de manifestar sus impresiones y dar su lectura personal de la situación.

Minimizamos el rechazo y la resistencia al cambio si nos apoyamos en la participación de todos. Conseguiremos muy poco si optamos por la imposición en lugar de apostar por la comunicación y el debate interno. Dando la oportunidad a los colaboradores de expresarse y aportar ideas en un espacio de trabajo abierto conseguiremos reforzar la comunicación interna y la cohesión de la plantilla.

Además, nunca más tendremos que escuchar aquello de “Si me hubieran preguntado a mí antes…”

Descripciones de puesto de trabajo. ¿Quién soy y que hago aquí?

La pasada semana leí un artículo en prensa acerca del papel en las empresas de una figura clave como son los mandos intermedios. No salen muy bien parados de acuerdo con los resultados de un estudio realizado por Gary Hamel y Michele Zanini, que en líneas generales deja claro que en muchos casos, los jefes y supervisores no sirven de gran cosa y se convierten en una carga excesiva para las organizaciones.

“aunque no sea su culpa, están creando poco o ninguno valor añadido”

Pero fue esta frase la que me hizo reflexionar. “Aunque no sea su culpa” concretamente.

Desde mi punto de vista, muchas veces nuestros colaboradores no alcanzan un rendimiento óptimo, no desarrollan todo su potencial y se quedan a las puertas de alcanzar sus objetivos porque en realidad, no tienen las herramientas necesarias para lograrlo. Si no definimos el rumbo, la motivación y los resultados esperados es muy probable que el fracaso se produzca más pronto que tarde. Además, el sentimiento de frustración y desencanto se apodera de las personas y todo su esfuerzo y dedicación caen en saco roto.

Es por eso que desde Recursos Humanos debemos hacer un ejercicio exhaustivo de análisis y plasmar la información adecuada en las descripciones de puesto de trabajo (DPT). Es un documento clave, que establece el marco de trabajo para cada uno de los miembros de la plantilla, al tiempo que define su rol en la compañía y le ayuda a ubicarse en el equipo de trabajo.

En las organizaciones, si no prestamos la atención debida a las descripciones de puesto, podemos encontrarnos ante situaciones desconcertantes en las que el colaborador no sabe en qué departamento está encuadrado, cuales son los objetivos que debe alcanzar, a quién reporta, etc. Otras veces, la persona no sabe si algunas de sus tareas diarias son o no de su competencia, se producen duplicidades, y en el peor de los casos, surgen conflictos al no estar bien marcados los límites de poder y la atribuciones de cada cual.

Si somos capaces de establecer una distribución justa y equitativa de responsabilidades y cargas de trabajo, unos roles claros y definir las reglas de interacción entre departamentos y personas entre sí, entonces lograremos una comunicación eficiente y que los colaboradores puedan desarrollarse, crecer y aportar valor a la organización.

Además, si toda la plantilla es conocedora tanto de sus cometidos como de los de sus compañeros, entenderemos todos mucho mejor cuál es nuestra contribución a la mejora de procesos y al crecimiento de la compañía.

Sólo sabiendo quienes somos y qué hacemos podremos avanzar y recorrer el camino para convertirnos en activos cada vez más valiosos de nuestra empresa.

¿Trabajadores contentos o embajadores de marca?

Uno de los aspectos de los que más nos vanagloriamos los que nos dedicamos a los Recursos Humanos es que “trabajamos por y para las personas”. Salvo contadas excepciones, aquellos que gestionamos el talento en las empresas nos esforzamos en crear un entorno agradable de trabajo que permita el óptimo desarrollo de la actividad de la compañía, y aunque la voluntad en general es buena, los resultados son dispares.

Es cierto que el conjunto de iniciativas y acciones a llevar a cabo para conseguir un clima laboral favorable y con índices de satisfacción altos se encuentran en la parte más estratégica del departamento de RRHH. Suelen ser planes a medio – largo plazo, que requieren tiempo y preparación, además de una medición constante a través de indicadores adecuados (cuestionarios y/o encuestas, % de participación de la plantilla, índices de rotación y absentismo, productividad). Justificar los costes de estas iniciativas y ligarlos la consecución de objetivos es complejo, pero son muchos los estudios que nos revelan la relación existente entre trabajadores contentos y buenos resultados empresariales. Por tanto, es un camino que debemos explorar. Merece la pena.

Las tendencias más recientes nos hablan de “poner el foco en las personas”, “cuidar del trabajador”, etc. y ya son una realidad. Podemos comprobar que cada vez más empresas apuestan por la atracción de talento, el employer branding y las políticas activas de mejora de las condiciones laborales (no sólo a través del salario) para aumentar la satisfacción media de las plantillas.

¿Pero y si podemos ir más allá? Lo que hace unos años era poco menos que una utopía, actualmente es cotidiano en muchas empresas. La irrupción de nuevas figuras en el mercado laboral (millenials, knowmads,…), el avance en políticas de conciliación, la cada vez mayor flexibilidad en las condiciones de trabajo, etc., nos obligan a trabajar en un sentido muy claro. Orientación 100% a las personas de nuestra organización. Los colaboradores, todos y cada uno de ellos, tienen que sentirse protagonistas del día a día de la compañía. Si desde Recursos Humanos enfocamos nuestros esfuerzos en crear una “experiencia de cliente interno” satisfactoria y motivadora, que fomente el crecimiento y desarrollo de las personas de nuestro entorno, estaremos transmitiendo una imagen agradable y atrayente del proyecto empresarial.

Con este escenario favorable, serán los propios colaboradores los que proyectarán los valores, la cultura y los objetivos corporativos como propios. Trasladando el entusiasmo y el sentimiento de pertenencia a los clientes externos, la imagen de la compañía ganará en credibilidad, facilitando en gran medida la atracción de talento desde el exterior y la retención y el crecimiento del talento «in-house».

Así, ya no hablaremos de trabajadores contentos, sino de verdaderos “embajadores de marca”.

Formación. ¿Una y no más?

Me comentaba un amigo hace unos días una situación que está viviendo en su entorno de trabajo y que me sugiere un tema interesante sobre el que escribir. Este amigo lleva un par de años formando parte de un equipo de trabajo, y muchos de sus compañeros son profesionales con 10 o más años de experiencia a sus espaldas. Personas formadas y expertas que han resuelto todo tipo de problemas, superado infinidad de retos. Decididos a tomar decisiones con la seguridad de quién se ha tenido que mojar muchas veces. Dispuestos a compartir sus conocimientos con todos sus colaboradores y compañeros, en especial con aquellos más jóvenes y que empiezan a recorrer el camino que ellos ya transitaron.

Hasta aquí todo bien, el conocimiento y la «best practice» fluyen para convertirse en información global al alcance de todos y los proyectos se sacan adelante con el esfuerzo conjunto. El problema viene cuando, en el proceso de toma de decisiones, la voz cantante la llevan los más jóvenes, los nuevos, los inexpertos. Hablan de métodos novedosos, de últimas tendencias, de alternativas originales y poco contrastadas. “Esto lo vimos en un curso hace poco”, “asistí a un seminario el mes pasado donde nos hablaron”, etc. Esas son algunas de las frases que conducen a la situación de la que mi amigo me estuvo hablando.

Después de 10 años, algunos conocimientos puede que hayan quedado obsoletos y si no hay un genuino interés por reciclarse por parte de estos activos de la compañía, se pueden crear tensiones. “Se ha hecho así toda la vida”, “ahora vendréis vosotros a inventar la rueda” son frases lapidarias que habitualmente preceden al desastre.

Tiene que existir desde las empresas, y en especial desde los departamentos de recursos humanos, una voluntad inequívoca de formar a los colaboradores, de darles las mejores herramientas y conocimientos para que sean capaces de superar los retos con garantías. Esto incluye a TODOS, incluso a aquellos que “lo saben todo”. La formación continua tiene que ser la vacuna que evite este tipo de infecciones que pueden minar la cohesión de un grupo. El hacer partícipes a los miembros del equipo de las novedades del sector, de las nuevas herramientas, de las tecnologías desarrolladas y que se pueden aplicar a los procesos; dejará a todos los colaboradores en igualdad de condiciones, con la mente abierta y despejada de prejuicios.

La experiencia es un activo de valor incalculable en cualquier empresa. Aderezarla y potenciarla con formación es el paso definitivo hacia un crecimiento global de la organización y sus miembros. Este proceso formativo debe ser continuado, constante y comprometido desde recursos humanos, respondiendo al mismo tiempo tanto a las necesidades de los colaboradores como a los intereses estratégicos de la organización.

Aportaremos valor a la compañía, sentimiento de progreso y evolución a la plantilla y generaremos un entorno de crecimiento y generación de valor. Perdamos el miedo a aprender, seamos promotores de nuevas ideas.

Vuelta al trabajo. ¿Depresión o motivación?

Tras el parón veraniego, llega el momento de retomar la rutina y volver a la actividad habitual. Lejos quedan ya las vacaciones, ese período en el que disfrutamos de todo aquello a lo que durante el resto del año no podemos dedicar el tiempo que nos gustaría (familia, amigos, hobbies, deportes, viajes, o simplemente no hacer nada).

Pero durante las vacaciones hemos dejado de hacer aquello que más tiempo nos ocupa durante el año, no hemos pasado tiempo con las personas con las que compartimos la mayor parte de nuestros días, ni hemos estado en los lugares donde habitualmente se desarrolla nuestra vida cotidiana. En resumen, no hemos ido a trabajar.

Abandonar el puesto de trabajo durante las vacaciones es para muchos el mayor alivio posible. Perder de vista a los compañeros y jefes, olvidar esos edificios aburridos, dejar a un lado todas aquellas tareas anodinas y sin sentido con las que tenemos que lidiar día tras día durante todo el año. Con estas premisas, y si desgraciadamente esta es la lectura que se hace del puesto de trabajo, es lógico que a la vuelta del merecido descanso aparezcan síndromes y depresiones postvacacionales por doquier.

Partiendo de la base de que se está en un entorno laboral normal (descartamos situaciones de mobbing o contextos en los que está en juego la viabilidad del proyecto empresarial al que se pertenece), en mi opinión, la vuelta al puesto de trabajo es tan mala como cada uno de nosotros la quiera hacer. En general, la actitud con la que afrontamos nuestro día a día define en gran medida la calidad de nuestro trabajo y es decisiva a la hora de superar los retos a los que nos enfrentamos.

Es cierto que la actitud es un enfoque, un planteamiento vital de cada individuo. Cómo dice César Piqueras: «Las personas son felices porque deciden serlo». Desde Recursos Humanos, una de nuestras principales tareas debe ser contribuir a un escenario ideal para que cualquiera de nuestros colaboradores sea capaz de replantearse su visión del trabajo que desempeña y el entorno en el que se mueve durante su jornada laboral. Es lo que conocemos en como Employer Branding o Fidelización del capital humano.

Si logramos configurar un entorno de trabajo abierto y dinámico, donde tenga espacio la participación, el intercambio de ideas, el desarrollo de los colaboradores; si somos capaces de establecer un contexto de crecimiento, formación, motivación y superación personal, los colaboradores estarán deseando volver a sus puestos de trabajo tras el período de descanso vacacional, en lugar de vagar como zombies durante los primeros días con un sentimiento de tristeza y desorientación generalizado en la plantilla.

Además, aquellas personas que sean ajenas a la organización se plantearán que es lo que ofrece una compañía para que los que allí trabajan estén contando las horas para volver a su rutina en lugar de lamentarse por lo rápido que han pasado las vacaciones.

No volvamos al trabajo en estado depresivo y bajos de ánimo. Optemos por ser los dueños de nuestra felicidad, afrontemos la vuelta con la mejor actitud posible y estaremos contribuyendo a la mejora de nuestro entorno de trabajo, creando un caldo de cultivo ideal para la atracción del talento.

Feliz vuelta!!

Knowmads. El saber «ocupa» lugar

Últimamente me he encontrado en las redes sociales con un concepto que reconozco que me era totalmente desconocido. Superado el «Millennialismo» (que ha llegado, cómo ya nos anunció Arrabal en su momento), el siguiente escalón a superar para los que vayamos a constituir y/o gestionar a la fuerza laboral del futuro tenemos que estar preparados para desplegar un abanico de habilidades y competencias cada vez mayor.

Nos referimos al «Knowmad» o nómada del conocimiento. De los innumerables artículos, reseñas, escritos y noticias referidas al término en cuestión y su significado, el que más ha aclarado mis dudas ha sido el siguiente enlace.

Raquel Roca nos habla de los cambios que en los próximos años configurarán un nuevo escenario laboral para todos, empresas y trabajadores. Nos relata una realidad que empezamos a notar como se mueve «bajo nuestros pies». Va dando algunas pinceladas del futuro que tenemos por delante, y deja algunas frases muy interesantes:

«Cualquier persona (…) puede ser knowmad«

«va a ser el tipo de profesional que más crezca y se desarrolle en el futuro cercano, básicamente porque es el que reúne todas las condiciones para trabajar con las exigencias que piden los nuevos tiempos, y que por lo tanto también será el que requieran las empresas»

En mi opinión, lo que se desprende del enfoque planteado por Raquel Roca y sobre el que versa su libro «Knowmads. Los trabajadores del futuro», es que en el fondo, estamos ante una actitud («ser el timonel de tu vida»- cómo dice ella).

Ser proactivos, anticiparnos a los cambios y formandonos de forma continua para ofrecer siempre un perfil atractivo a las empresas, será clave para mantenernos cómo profesionales fiables y de confianza en un entorno cada vez más cambiante y desafiante. Para ello, adaptemonos, apoyemonos en las nuevas tecnologías y en la posibilidad que nos ofrecen de acceder a cantidades ingentes de información.

En el futuro que se nos presenta, el conocimiento se convierte en la llave para acceder al mercado laboral, conseguir un trabajo y crecer como profesionales en la empresa del futuro. Así pues, el saber «ocupa» lugar.

Saludos!!