Las reflexiones son para el verano

Estamos en un mes que para muchos de nosotros es sinónimo de vacaciones. Algunos estamos a pocos días, apenas un par de semanas, de empezar ese período de descanso que nos marca el ecuador del año y que nos da la ocasión de dedicarnos a aquellas cosas que la vorágine diaria nos impide hacer.

Una de ellas es reflexionar. “Parar y pensar”. Hacer balance de nuestra situación actual, de las decisiones tomadas y los efectos de estas. En definitiva, descubrir si estamos avanzado en la dirección adecuada para alcanzar los objetivos deseados y las metas previamente establecidas. Al menos, asegurarnos que no nos estamos estancando en nuestra zona de confort.

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Y no tanto desde el punto de vista estrictamente laboral, sino también profesional e incluso personal. Que trabajo estamos desempeñando, que tareas llevamos a cabo y como nos acerca todo ello a lo que realmente queremos ser.

Es en verano cuando tenemos tiempo de evaluar todos estos aspectos, y también para plantearnos que alternativas u opciones tenemos a nuestro alcance. Que nuevos proyectos pueden surgir. Que áreas de conocimiento debemos reforzar. Que habilidades debemos desarrollar y potenciar.

Estas semanas de descanso deben servirnos cómo recarga de baterías, pero pueden ser una magnífica ocasión para replantear la dirección y la actitud con la que afrontar los desafíos diarios. Hace aproximadamente un año escribía al respecto, y sigo pensando lo mismo. Sólo nosotros somo dueños de nuestra actitud, y con ella bien definida y enfocada, vamos a obtener los resultados deseados.

Aprovechemos este tiempo para “afilar el hacha”, prepararnos para todo aquello que nos espera a la vuelta.

“Life happens when you’re busy making other plans.” – John Lennon

Revisemos nuestra situación actual y pongamos todo nuestro empeño en cambiar aquello que no nos gusta en nuestras vidas. Debemos estar dispuestos a seguir aprendiendo a diario de todo aquello que nos aparezca en el camino. Por que al final lo importante es el viaje, no el destino.

Es cuestión de actitud. Reflexionemos.

 

Feliz semana y felices vacaciones!!

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Reuniones. Evasión o victoria

En nuestro trabajo, las reuniones son aquellos eventos puntuales que se suceden a lo largo de las semanas, los meses y los años. Más formales o menos, con nuestros superiores, compañeros de equipo, colaboradores, clientes, etc.

Generalmente (y por desgracia), la única constante en cualquier reunión es el desprecio que tenemos por el tiempo que invertimos (nosotros y el resto de asistentes) y lo poco o nada que solemos prepararlas. Incluso hay casos extremos en los que ni siquiera se concluye nada al termino de las mismas. El colmo.

Desde la ironía, yo establecería la siguiente clasificación:

  • EL MITIN. Habitualmente, el jefe toma la iniciativa para realizar una serie de postulados inapelables (modo tablas de la ley ON), sentando cátedra y permitiendo pocas o ninguna interpelación. Suelen girar sobre uno o dos temas a lo sumo, y se repiten bastantes veces los mismos conceptos, para evitar que se olvide “el mensaje”. No hay ruegos y preguntas.
  • TODOS CONTRA TODOS. Sin orden del día (o despreciando el establecido), la conversación va derivando en una discusión abierta en la que se van configurando bandos enfrentados, o simplemente cada asistente va por  su lado hasta que sólo queda uno en pie (o nadie en la habitación).
  • EL DUELO. Dos de los asistentes se enzarzan en uno de los temas planteados durante la reunión, y se inicia un intercambio de argumentos (y/o acusaciones) hasta que uno de los dos “gana”. El resto de personas de la sala, convertidos en espectadores del combate, o bien apuestan por uno de los dos “púgiles” apoyando sus tesis o esperan adormecidos a que finalice la batalla dialéctica.
  • EL MERCADO. Varias conversaciones cruzadas, unas voces por encima de otras y temas muy dispares para un intercambio de ideas caótico y tremendamente alejado del motivo inicial por el que se convoca la reunión. La sensación al terminar la charla suele ser de desconcierto (“¿pero de que estábamos hablando?”)

Al final, y después de estos ejemplos algo cómicos y exagerados, lo que debemos plantearnos es si hay algo que podamos hacer para evitar en la medida de lo posible perder nuestro tiempo y nuestro esfuerzo en reuniones infructuosas.

Es obligatorio preparar un breve guión de los temas que se van a tratar, establecer un pequeño orden del día y saltar de un tema al siguiente si se enquista alguna cuestión. Respetar los turnos de palabra y mantener unas mínimas reglas de respeto y educación nos ayudarán a mantener la fluidez de la conversación.

Cumplimentar una sencilla acta de lo tratado y tomar algunas notas durante el transcurso del evento tampoco está de más, sobretodo si se toman decisiones que posteriormente tengamos que llevar a la práctica.

Todo el trabajo invertido en mejorar nuestras reuniones de empresa redundara en una mejor comunicación interna, así como en una sensación de mayor coordinación y eficiencia para todos los asistentes.

Aún con todo, hay entornos de trabajo en que se tiende a la reunión con demasiada facilidad y ligereza, y además se suele convocar a mucha más gente de la estrictamente necesaria. En estos casos, nos deberíamos plantear las siguientes cuestiones: “¿hay alguien de mi departamento convocado?  ¿es imprescindible asistir? ¿me pueden informar de lo que se decida?”, en definitiva:

“¿EVASIÓN O VICTORIA?”

Pues desgraciadamente, si en nuestras empresas no se estructuran las reuniones, no se preparan con anterioridad y las podemos encuadrar en alguno de los grupos anteriormente comentados (MITIN, DUELOS, etc.), entonces EVASIÓN igual a VICTORIA.

Actitud o Aptitud, esa es la cuestión

Según la RAE:

Actitud: “Disposición de ánimo manifestada de algún modo”

Aptitud: “Suficiencia o idoneidad para obtener y ejercer un empleo o cargo”

En las ofertas de empleo que podemos ver habitualmente, se nos listan una serie de conocimientos y capacidades que el candidato debe poseer para poder pasar el filtro o acceder al proceso de selección (dinámicas de grupo, entrevistas, pruebas de capacitación, nivel, etc.). A esto, le llamaríamos APTITUD.

Luego, lo que el responsable de selección va a buscar, es la ACTITUD. El enfoque que la persona tiene de cara al trabajo, la resolución con la que afronta los retos que se le plantean día a día, la disposición que presenta ante la tarea a desempeñar.

Desde mi punto de vista, con una actitud adecuada se podrá alcanzar la aptitud necesaria, pero no a la inversa. Puede que nuestros conocimientos nos ayuden a conseguir un puesto de trabajo, pero que nuestro ánimo nos lo haga perder.

Un persona que hace del negativismo y la queja un modo de vida, tiende al estancamiento y el pasotismo en la empresa. En cambio, adoptar puntos de vista constructivos, de mejora continua y evitando culpar a los demás de nuestros problemas o dificultades, genera mejores resultados (habitualmente a medio-largo plazo).

Muchas veces nos podemos sentir aislados en nuestra isla de positivismo, sobretodo si nuestro entorno está estancado en la resignación. Además, podemos tener la sensación de que en nuestra empresa nunca se va a reconocer ni a recompensar una buena actitud.

Es posible que esto sea así, pero lo bueno de la actitud es que viaja siempre con nosotros, nos acompaña allá donde vamos y nos puede hacer visibles para otras compañías, que verán en nosotros una ACTITUD, más allá de un listado de APTITUDES.

Es la ACTITUD lo que nos puede diferenciar del resto de candidatos en un proceso de selección, de colaboradores en un departamento, de becarios en prácticas o de compañeros en clase. Bien sea para optar a un puesto de trabajo, para obtener un ascenso, para conseguir un contrato o para ser el mejor alumno de la promoción, la ACTITUD, con tiempo y constancia, siempre va a ser el factor decisivo.

Aportemos valor a las empresas desde el esfuerzo y el compromiso. Seamos dueños de nuestros propios destinos. Consolidemos nuestras APTITUDES mejorando siempre nuestras ACTITUDES.

Y después de la Universidad, ¿qué?

El título de este post corresponde al nombre de la encuesta que el sociólogo Narciso Michavila ha realizado a 9.000 estudiantes de toda España. En este artículo, Joaquín Vila recoge algunos de los resultados de la misma y apunta algunas reflexiones del autor.

“Nada volverá a ser como antes. Pocos parámetros van a ser iguales a los anteriores a la crisis”

“No es cierto que la mayoría de universitarios quiere ser funcionario cuando terminen la carrera. Es falso ese mito”

Tras la lectura del artículo, y reflexionando sobre mi corta experiencia personal y profesional, he comprobado que “y después de la Universidad, ¿qué?” es la realidad de muchos estudiantes que nos incorporamos al mundo laboral tras finalizar nuestros estudios.

Las empresas buscan y demandan personas que sepan darle una aplicación práctica a sus conocimientos, y que básicamente, den solución a los problemas a los que se enfrentan día a día. En un contexto educativo muy poco alineado con las necesidades de la empresa (“titulitis” aguda), la dura realidad con que muchos nos hemos encontrado es que hay algunas áreas de conocimiento que brillan por su ausencia durante el periodo de estudios, pero que descubrimos con estupor que son el core de la actividad empresarial y laboral.

Que actualmente haya mucha gente joven, formada y con mucho que decir que no encuentra su sitio se debe, desde mi punto de vista y entre otros factores, a la formación que se viene impartiendo en los últimos años. Esta poca adecuación a lo que demanda el mercado laboral puede provocar situaciones de  frustración y una cierta sensación de “he malgastado mis esfuerzos, mi tiempo y mi dinero”.

En mi opinión, y muy al hilo de lo que hace unos meses Antonio Banderas manifestó en televisión, la mentalidad emprendedora es la que hace la diferencia. Y no emprender en el sentido estricto de “ser nuestro propio jefe” o montar un negocio por nuestra cuenta, si no de ser capaces de incorporarnos a una organización con la que podamos alinear nuestros valores, y ser proactivos y agentes de cambio de la propia compañía.

Una persona que pueda decidir, actuar y resolver problemas (a cualquier nivel, cada uno en su contexto), al tiempo que pone sus conocimientos y forma de proceder al servicio de la mejora continua y el cambio de la organización, es lo que desde mi punto de vista se debería identificar como “talento”, tan necesario en el contexto competitivo en el que vivimos actualmente.

Presentismo.”Ladrones de tiempo”

Últimamente hemos podido leer mucho en prensa acerca de los horarios laborales en España y su “descoordinación” con el resto de Europa. Citaba mi amigo Pepe Sanchis hace unos días en LinkedIn este artículo de Víctor Osorio en Expansión.com, y encuentro en el texto la palabra clave: presentismo.

El presentismo es un mal endémico en muchas de las empresas de nuestro país y que bajo el lema “echa más horas que el reloj”, permite ascensos y promociones que en estructuras basadas en la eficiencia y el aporte de valor al proceso serían impensables.

Es cierto que quedan fuera de esta consideración aquellas personas que, apasionadas por su trabajo, el tiempo les pasa volando y no les supone ningún problema alargar su jornada más allá de las ocho horas para finalizar alguna tarea o apoyar a otros colaboradores en un trabajo importante.

A los que nos referimos aquí es a aquell@s, que sistemáticamente, día tras día, semana tras semana y mes tras mes, se niegan a abandonar su puesto a tiempo y ceñirse a un horario. Curiosamente, varían su comportamiento cuando tienen la certeza de que el jefe o supervisor ya no hará acto de presencia (“Elvis ha abandonado el edificio”), y sabiendo que ya no es necesario mantener la impostura, se van de su puesto con la satisfacción del “deber” cumplido.

El daño que estos comportamientos provocan a la organización es doble:

  • por una parte frustran al resto de colaboradores que ven con impotencia cómo promociona el “ladrón de tiempo” que se queda siempre hasta tarde para que le vean, y se tiene en cuenta únicamente su “récord” de horas, sin importar si es eficiente en su trabajo o no
  • por otra, perpetúa la cultura empresarial de que quien más horas trabaja es el más trabajador,  y se retrasa la implantación de sistemas de horario flexible, similares a los que dan buenos resultados en otros países de nuestro entorno

Al final, y como dice Nuria Chinchilla (directora del Centro Internacional de Trabajo y Familia de IESE) al final del articulo, el cambio no debe limitarse a la empresa “debe llevar aparejado un cambio social”.

Por lo tanto, nosotros como individuos podemos aportar nuestro granito de arena y contribuir a un escenario de cambio. En nuestras empresas, somos los primeros que debemos trabajar en nuestra eficiencia. Si nos dedicamos a gestionar personas, y somos los encargados de plantear soluciones que ayuden a nuestras compañías a dar pasos en la dirección adecuada, debemos predicar con el ejemplo y aportar valor en nuestro día a día.

“Para que exista un cambio real, tiene que haber (…) directivos que apuesten claramente por cambiar los hábitos actuales y conviertan en regla lo que ahora es una excepción y está mal visto, salir antes del trabajo” – Nuria Chinchilla

Abandonemos el presentismo. No nos convirtamos en “ladrones de tiempo”

 

Crisistunidad

“Mira el lado positivo… sabías que los chinos emplean la misma palabra para decir crisis que para decir oportunidad?”

En los momentos de mayor tensión, cuando cunde el desánimo, y vienen mal dadas, se forjan algunas de las ideas más originales, se toman las decisiones más acertadas y se dan soluciones a los más enrevesados problemas.

En las organizaciones, algunas de las situaciones más complicadas de gestionar, en mi opinión, vienen de la mano de un conflicto entre dos o más colaboradores. Cuando varias personas trabajan juntas, los distintos caracteres y puntos de vista, a menudo son fuente de fricción.

Una palabra más alta que otra, un mal gesto, la impresión de que se nos ha dicho o hecho algo que consideramos incorrecto o improcedente, cualquier pequeño detalle puede provocar que estalle la tormenta…. se produce el llamado “efecto patio de colegio”

Ante el cruce de reproches, acusaciones y comportamientos infantiles varios, el responsable de recursos humanos saca su versión más polifacética: mediador / arbitro / juez / psicólogo.

Enfocar estas situaciones para poder sacar una lectura positiva y constructiva de las mismas es clave. Si además, somos capaces de transmitir a las partes implicadas el poco contenido del conflicto y lo perjudicial que es para la compañía a todos los niveles, conseguimos minimizar la posibilidad de que se repliquen estos comportamientos en el futuro.

Con una comunicación interna clara, transparencia en la información y un enfoque positivo hacia los conflictos (que serán inevitables), conseguiremos una mayor implicación de los colaboradores y su mejor predisposición ante situaciones adversas.

Como decía al principio, en los momentos complicados es cuando toca arriesgar, apostar fuerte y “hacer cosas diferentes para obtener resultados diferentes.”

Hoy empiezo con algo diferente (escribir, yo que soy de ciencias…), para intentar obtener resultados diferentes. Hoy he tenido que gestionar situaciones complicadas, he tenido respuestas desfavorables y he recibido poca colaboración. Es al final de estos días complicados, en los que más convencido debemos estar de que a mejor actitud, mejores resultados. Que a mayor esfuerzo, mayor recompensa. Que cuanto más grande sea el desafío, más grande será la satisfacción cuando lo superemos.

Donde el resto ve problemas, nosotros vemos soluciones. Donde otros hablarían de debilidad, nosotros hablaremos de margen de mejora. Donde exista crisis, nosotros encontraremos oportunidad.

“Crisistunidad!! Pues claro!!”