Confianza, amiguismo y trabajo en equipo. Reflexiones

Siempre que hablamos de gestión de personas en la empresa, una de las cualidades más destacadas, demandadas y valoradas es la capacidad para trabajar en equipo.

Desde el punto de vista del colaborador, ser capaz de desenvolverse en el marco de un conjunto de profesionales y aportar lo mejor de sí mismo al tiempo que complementa cualidades de sus compañeros, permite afrontar el trabajo con seguridad y confianza.

Por otra parte, desde el punto de vista de la empresa, contar con equipos de alto rendimiento, cohesionados y fuertes, asegura un clima de trabajo de sana competición y la consecución de los resultados establecidos.

Pero muchas veces, el trabajar en equipo puede derivar en comportamientos inadecuados y que poco o nada tienen que ver con la profesionalidad y el entorno de trabajo. Es imprescindible para un adecuado trabajo en equipo que entre los miembros del mismo se genere un clima de transparencia, comunicación y exigencia para asegurar el rendimiento y la consecución de las tareas asignadas. También la persona al frente del equipo tiene que contribuir a dicho clima, pero marcando límites cuando los objetivos peligren o se comprometa el correcto funcionamiento del grupo.

A este clima lo llamaremos confianza. Una simple búsqueda en Google nos define la confianza cómo “Esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada, o en que otra persona actúe como ella desea.”. Hablamos por tanto de esperanza, de deseo, sin estar seguros 100% y por tanto depositando parte del éxito del proyecto o de la consecución del objetivo marcado en la voluntad, esfuerzo, compromiso y capacidad de los compañeros, subordinados o superiores. Confianza.

Esta confianza también debe incluir, desde mi punto de vista, la capacidad para expresar discrepancias, encajar críticas y contrastar opiniones, siendo capaz de asumir que no siempre se puede prevalecer y que las ideas de uno no son siempre incontestables.

La ausencia de esta confianza, no permite avanzar ni crecer como equipo, pero el exceso de la misma, si además se localiza en algunos miembros concretos del grupo o “va por barrios”, puede dinamitar el trabajo llevado a cabo y desestabilizar el conjunto con resultados desastrosos.

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El amiguismo, según la wikipedia, supone que desde los puestos de responsabilidad se favorezca a “individuos que no intentarán debilitarlo, o expresar puntos de vista contrarios a aquellos de aquel que los ha designado”. Este amiguismo puede derivar en una ausencia de crítica (sea o no necesaria),  frustración entre los “poco favorecidos” y falta de una adecuada comunicación. Si además, se desestiman sistemáticamente todas las  aportaciones que provengan de aquellas personas con las que no existe “confianza” mal entendida y al mismo tiempo se dan siempre cómo válidas las impresiones de los miembros del grupo “de confianza”, el destino del equipo a medio – largo plazo es el fracaso y la descomposición del mismo.

El amiguismo, también se puede producir entre colegas a un mismo nivel jerárquico, no solo entre superior-subordinado. La confianza mal entendida entre miembros de un equipo de trabajo a la larga repercute negativamente en los resultados del mismo; de nuevo, bien por exceso o bien por defecto, ya que los enfrentamientos, favorecer rumores interesados o las críticas poco constructivas (o directamente destructivas), también pueden dar al traste con el rendimiento y la consecución de las metas definidas para el equipo.

Reflexionemos sobre nuestro comportamiento, sobre cómo interactuamos con nuestros compañeros, colaboradores y superiores, cómo afrontamos la crítica y cómo la trasladamos a los demás. También prestemos atención a la confianza que tenemos y que nos tienen los demás, evitemos el exceso y el defecto, y sobretodo, trabajemos en equipo.

“Si quieres ir rápido, camina solo; pero si quieres llegar lejos, camina acompañado” (Proverbio africano)

Feliz domingo y feliz semana!!

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Personas que suman

Después de unos meses bastante ajetreados que me han alejado de este espacio de reflexión, vuelvo hoy con energías renovadas y con el compromiso de no fallar a la cita. Vayan por delante mis disculpas por la ausencia y el agradecimiento a aquellos que se han acordado de mis publicaciones (y de la ausencia temporal de las mismas).

Es de estos últimos de los que hoy quiero hablar. De las personas que siempre están ahí, que de un modo silencioso, leal y comprometido mantienen una genuina relación con nosotros. Normalmente las asociamos al plano personal, pero también podemos encontrar ejemplos en las organizaciones.

En todas las empresas conocemos ejemplos, personas que están preparadas para ayudar, para apoyar y echar un cable en cualquier momento. Son estos colaboradores los que, muchas veces, sin hacer ruido y de forma discreta contribuyen de forma decisiva a conseguir los objetivos establecidos.

Son perfiles observadores, muchas veces discretos e incluso tímidos, que no buscan el reconocimiento o la “medalla” por atribuirse algún mérito (que en la mayoría de ocasiones es del grupo y no del individuo). Huyen de las personas tóxicas, evitan los conflictos y buscan soluciones en lugar de buscar culpables.

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Son colaboradores que aportan su trabajo y esfuerzo al equipo, al departamento y en definitiva al proyecto del que forman parte. Son capaces de anteponer el interés común al personal y miran más allá de lo que tienen delante en cada momento. Piensan en el medio y largo plazo, siembran para recoger y muchas veces toman la iniciativa sin esperar nada a cambio.

Cuidemos a estas personas, que existen en casi todas las organizaciones y marcan la diferencia, son las que darán las claves para avanzar y mejorar cómo empresa.

Son en definitiva personas que suman.

Saludos y feliz semana!

Absentismo laboral

Hoy publico un post que me pidió Jose Manuel Hernando, para su web misterhello.com. Lo reproduzco a continuación:

Nos basta una visita a wikipedia para conocer el significado del término absentismo, las distintas tipologías que puede presentar así como el impacto que genera por sus costes asociados (ver Wikipedia >). Podemos encontrar en internet infinidad de artículos de opinión, entradas de blog y comentarios relativos a la incidencia del absentismo y la necesidad de medirlo, controlarlo y combatirlo.

Aunque en la mayoría de los casos depende de circunstancias relacionadas con la situación personal o el estado de salud del colaborador en cuestión, hay una parte del absentismo íntimamente relacionado con la empresa y el ambiente de trabajo que se le ofrece al trabajador.

Es en esta parte del absentismo en la que se tiene que centrar el profesional de recursos humanos, y donde se puede actuar para mejorar los ratios y mitigar la incidencia en la actividad normal de la compañía. Políticas de mejora del clima laboral, que fomenten la participación de la plantilla en la toma de decisiones y permitan que las personas se involucren y se sientan parte de un equipo cohesionado.

Es fácil desprenderse de algo que no sentimos como propio, de ahí que un colaborador sin motivación, con escaso o nulo sentido de pertenencia y que trabaja en un entorno laboral poco atractivo encuentre excusas para no acudir a su puesto con mucha facilidad.

Terminaremos así con el conocido como “absentismo presencial”, ya que los colaboradores poco alineados con la política y filosofía de la compañía cumplen sus horarios y no despiertan sospecha sobre el papel, pero afrontan su día a día como un suplicio, afectando gravemente al rendimiento de su equipo de trabajo.

“Si hay que ir, se va , pero ir pa ná, es tontería”

José Mota | Humorista, Camorrista y Cuentista

Si se trabaja en mejorar las condiciones laborales de la plantilla y el ambiente de trabajo, estaremos poniendo remedio a un problema endémico de nuestras empresas. En esta línea, apostar por una comunicación interna fluida y genuina, disponiendo las herramientas adecuadas e involucrando a los colaboradores, generamos espacios de crecimiento para las personas de la organización que frenarán el absentismo que no esté relacionado con causas externas a la compañía (relacionadas con la salud y contingencias de fuerza mayor de índole familiar). Cambiar esto no es una cuestión de poder, sino de querer…

Desde aquí agradecer a José Manuel por darme la oportunidad de colaborar con él y os invito a visitar el post en su web, que además ofrece soluciones en materia de comunicación interna y consultoría.